
Noticias que salen de la nada y que te informan que debes buscar casa, porque nos han pedido el apartamento, me desestabilizan.
Al menos, el primer sentimiento es ese.
Aparece mi personalidad capricorniana, que le cuestan los cambios y ante esa incertidumbre, siento angustia.
Y me digo entonces, aquí vamos otra vez.
No es la primera vez que me pasa y sin embargo, nunca me será fácil al parecer.
¿A dónde iré a parar y con quién?
El panorama aún no es claro.
Por lo pronto, hay que empezar a buscar.
Quisiera seguir cerca al barrio en el que vivo.
Me gusta, aunque no sea el más seguro.
Y después de una semana de ir asimilando la noticia, parece que a pesar de lo traumático que me resulta, he comenzado a pensar que cosas buenas pueden llegar con todo eso. Mis trasteos, siempre han traído muchos cambios en momentos muy particulares de mi vida. El primero, significó salir de Armenia a mis 16 años rumbo a Medellín a estudiar arquitectura, tener un apartamento con una amiga durante 5 años y todo lo que implica esa vida de estudiante, de locura y descalabros financieros, de mala alimentación y mimos a distancia… luego regresar a Armenia y decirles a mis padres que me venía a vivir a Bogotá a la casa de mi chico de ese entonces y estuvo tenso todo porque no iba con la educación que recibieron, al menos con la de mi mamá, (mi papá fue muy generoso y comprensivo en ese momento) y yo estaba tan emocionada porque significaba no estar más tiempo lejos de él y el asunto no nos duró tanto tiempo como creí en algún momento que podía durarnos (casi toda la vida pensé) y salir de allí a casa de mi tío, a dos meses de que muriera mi padre. Con el corazón roto por todas partes, fue bueno llegar a un lugar en el que cuidarán un poco de mi. No tener que preocuparme por cosas tan elementales como que comer o pagar recibos, estar cerca al trabajo y no desgastarme mucho encerrada en buses, estar acompañada de mi tío y mis primos y sobretodo de mi hermano que se quedaba ahí a acompañarme por algunas cortas temporadas….. Luego mudarme de ahí para irme a vivir con dos amigos, darme cuenta que ya estaba mejor y que podía otra vez asumir muchas cosas de mi vida. Encontrar en uno de ellos, a una persona hermosa del cual aprendí muchas cosas. Y luego, después de un año y medio, volverse a mudar porque vendieron el edificio para convertirlo en oficinas (una tristeza) y separarse y encontrar nuevas personas con quien vivir, el cual es un buen curso acerca de tolerancia y convivencia. Y ahora de nuevo, una vez más, empacar y desempacar (me gusta lo segundo, mas no lo primero). Y dejo de estar tan pesimista, para empezar a pensar que cosas buenas pueden llegar una vez más. Por lo pronto, quisiera un bonito apartamento donde entre el sol para hacer mi fotosíntesis feliz y tranquila.
Pda: a Ana, que luego de leer que está un poco en la misma situación, me dieron ganas de escribir todo esto.