11.1.08

La bici...

Ni recuentos ni principios. Solo una noche donde a veces juego bien a los dardos y otras veces no. La puerta ya está agujereada varias veces. Un pequeño sin sabor mientras va dardo y dardo. Y una pelicula por entregar que ni siquiera tuve tiempo de ver, o si tuve tiempo pero mi sueño suele interponerse bastante ultimamente en mis vagos intentos cinematográficos. Queda media hora y ahora nadie quiere acompañarme en ese no tan pequeño pero no tan lejano recorrido. Nicolas lo había prometido, pero se sumergió en una novela de amor y creo que ahora su cabeza está mas interesada en ese tipo de cosas que en mis conversaciones sin sentido mientras se camina por una ciudad fría y un poco sola (no lo suficiente). Afortunadamente para mi, Alvaro se siente un poco ansioso y decidimos irnos a entregar la pelicula en la bicicleta plegable. Esa bicicleta que están insistiendo en que compre preocupados dicen por mi salud (porque si, esta chica es medio vegetal) y yo me defiendo solo con mi argumento de mis no tan reconocidos pero innegables problemas de motricidad y en el riesgo que se convierte una hazaña tan simple como montarse en la bici. Puede ser asunto de vida o muerte, de lo cual se burlaron la primera vez que dije eso, antes de verme en la bicicleta, luego me dieron un poco la razón. Pero nah, esta noche es distinta. Y aunque estos días no lo son tanto tienen pequeñas cosas diferentes que demuestran con un acierto un poco raro que tal vez si me esté afectando el principio de año y todas esos eventos-mañas-circunstancias-própositos que uno decide o cambiar o emprender. Asi que decidí montarme en el bichito negro de 11 kilogramos y hacer la travesía. Y si, fui muy feliz en esos 25 minutos de recorrido (ida y regreso). Y ya no me siento tan enferma y nadie salió herido y todo pasó justo a tiempo. Repito, fui muy feliz. Y creo que todavía lo sigo siendo y llegue de buen ánimo a escribir. Tal vez es una historia ridicula, pero para quienes querían saber que la falsa alicia no solo escribe en su tristeza y acabando un poco con el mundo y con el de ella, supongo que deberá bastar por ahora. No es algo altruísta ni mucho menos duradero, pero bueno, para la próxima me invento algo digno de los lectores. Por ahora, mi lado infantil está feliz de reencontrarse con las dos ruedas y ningun cactus de por medio.

Dedicado a Leonardo y Oscar Mosca, mis mas preocupados lectores por mi estado animico.

1 comentario:

juanmosquera dijo...

preciosa tu sonrisa sobre ruedas